Portugal se atasca con Cristiano y el Congo celebra su fiesta más grande

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17 JUN 2026

De nuevo condicionada por la molicie de su punta, la selección de Roberto Martínez se enreda ante un equipo que le empata (1-1) con el histórico gol de Wissa

Wissa remataba el primer gol de la historia mundialista del Congo, ayer en Houston.Icon Sportswire (Icon Sportswire via Getty Images)

Roberto Martínez concibió a Portugal como un embudo que desemboca en Cristiano y la selección se estancó. Le pasó en Qatar 2022, volvió a sucederle en la Eurocopa 2024, y el debut en Estados Unidos resonó como una sirena de alarma después de un gol a los cinco minutos que no hizo más que exacerbar un problema recurrente que el seleccionador español se ha esforzado por negar. La República Democrática del Congo, que disputa su segunda Copa del Mundo después de 52 años de miseria y caos, le igualó tras resistir sin demasiados contratiempos. Apenas sufrió un disparo entre los tres palos: el gol de Neves.

Portugal

Diogo Costa, Nuno Mendes (Nélson Semedo, min. 71), Renato Veiga, Tomás Araújo, João Cancelo, João Neves, Pedro Neto (Rafael Leão, min. 71), Bernardo Silva (Francisco Conceição, min. 45), Bruno Fernandes, Vitinha (Gonçalo Ramos, min. 82) y Cristiano Ronaldo

RD Congo

Lionel Mpasi, Arthur Masuaku (Joris Kayembe, min. 74), Steve Kapuadi, Aaron Wan-Bissaka (Gédéon Kalulu, min. 84), Chancel Mbemba, Axel Tuanzebe, Samuel Moutoussamy, Edo Kayembe (Charles Pickel, min. 73), Ngal’ayel Mukau (Noah Sadiki, min. 56), Yoane Wissa y Cédric Bakambu (Simon Banza, min. 84)

Goles 1-0 min. 5: João Neves. 1-1 min. 49: Yoane Wissa

Arbitro Abdulrahman Ibrahim Al Jassim

Tarjetas amarillasBernardo Silva (min. 12), Mbemba (min. 31), Nelson Semedo (min. 87), Tomas Araujo (min. 91)

Portugal se presentó en Houston con una justificadísima aura de favorita. Probablemente ninguna selección en el mundo —ni siquiera España— posee tantos futbolistas capaces de romper defensas herméticas asociándose por dentro. Pero estos maestros del pase corto y rápido se abocaron a marchar contra su naturaleza para suministrar centros a Cristiano, que no se desmarcó si no fue para buscar rechaces o enganchar balones cruzados. El drama que precipitó una crisis con grado de motín en Doha, en el último Mundial, amenaza con desatarse en Estados Unidos.

Vitinha es un general insurgente en el PSG y un boticario tímido en Portugal. El pivote dictó los tiempos con cloroformo. Transcurrida una entrada vibrante que duró cinco minutos, el 1-0 —cabezazo sorprendente del pequeño Neves entre Tuanzebe y Mbemba— inclinó al equipo hacia una malsana moderación. Cuando atacaron lo hicieron asegurando pases. Antes que la velocidad y el riesgo se autoimpusieron una cautela soporífera. Los portugueses se entregaban la pelota como si un reglamento oculto les prohibiera el pase interior. Los avances se canalizaban predeciblemente hacia las bandas, donde Wan-Bissaka y Masuaku actuaban avisados, siempre protegidos por las basculaciones de sus mediocampistas. Perdido el balón, Vitinha y su cuadrilla dejaron de presionar. Se replegaron para evitar contragolpes. Figura en el plan. Ya lo hicieron en la Eurocopa de 2024.

En Houston, Portugal también procuró invitar a su rival a salir y a confiarse, para luego sorprenderlo con carreras a su espalda. Lo que ocurrió fue que el equipo comenzó a partirse y a desenfocarse. Suele suceder cuando las consignas que se lanzan desde los banquillos invitan a la prudencia recalcitrante. Perdida la adrenalina del riesgo y el atrevimiento que les motiva, los fabulosos jugadores de Portugal se expusieron al accidente.

Cuando debutó en su primer Mundial, en 2006, tenía la fibra de un gamo. Dos décadas después Cristiano se ha transformado en el Zeus criselefantino. Acorralado entre los centrales del Congo, el hombre se mostró poco proclive a los desplazamientos enérgicos y muy dispuesto a estacionarse, como si las rodillas le chirriasen. Lejos de crear espacios, se los cerró a sí mismo y a sus compañeros. A su alrededor se multiplicaron los gestos de angustia. Bruno Fernandes se malhumoraba. Neves no sabía si ir o volver. Cancelo decidía tarde y mal, metiéndose por dentro, y según le pisaba el terreno a Bernardo Silva, el más experto en la distribución interior, le obligaba a marginarse pegado a la raya. Sin esperanzas de sorprender. Fue en este contexto de extravío en el que Bernardo sufrió una falta de Masuaku que el juez no pitó. Liberado, el lateral zurdo avanzó hacia campo portugués. El balón no volvió a terreno del Congo hasta después del descanso y para entonces el partido había dado un vuelco.

Masuaku avanzó hacia el área portuguesa y habilitó a Moutoussamy. El mediocampista congoleño, pivote del Atromitos, se había desmelenado. Como nadie lo presionaba, no solo se atrevía a manejar el juego de su equipo con soltura, sino que se dispuso a rematar. Su disparo fue a córner. Dos minutos después, a la salida de un segundo córner, Wissa se elevó solo en el área y cabeceó el empate. No lo molestaron Veiga ni Araújo, ni mucho menos Cristiano, que a pesar de desempeñar un papel importante en la defensa del balón parado, le dio la espalda a toda la cuadrilla de cabeceadores africanos.

El primero y el décimo

El 1-1 fue el primer gol en la historia del Congo en los Mundiales. Un puñetazo en la frente que lejos de provocar una revolución en Portugal impulsó a Roberto Martínez a profundizar en su idea de fútbol unidimensional. Balones a banda y a centrar. Después del descanso, el técnico castigó a Bernardo, su futbolista más sofisticado, para sustituirlo por Conceiçao, un extremo puro. Más tarde quitó a Neto, el mejor del partido hasta entonces, para reemplazarlo por el gigantesco Leao. A ver si cabeceaba un cruzamento.

No funcionó. No hay centro que valga cuando el balón viaja sin tensión ni velocidad en un contexto que fortaleció al entusiasta conjunto del Congo a costa de esta triste Portugal. Hubo fiesta de un lado y saudade del otro, por más que el monstruoso estadio de Houston se llenó casi exclusivamente de hinchas portugueses. El doliente Cristiano sumó diez partidos seguidos sin marcar en la fase final de grandes torneos y no puede decirse que generase ocasiones. Solo remató dos veces. Las dos fuera.

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